Tengo la sensación de haber dado un último abrazo.
Es raro porque creo que nunca había sentido eso en mi vida. Hace unas semanas atrás me enteré de la triste noticia que una tía tiene un cáncer muy avanzado. La enfermedad ya está ramificada y las posibilidades de vivir son casi nulas. Me duele la noticia porque a pesar de la distancia siempre la he tenido presente en mi corazón. Desde que tengo uso de razón ha estado ahí. Cuando vivía en Chaitén la veía cada dos años, ahora la veo más seguido y es triste tener claro que dentro de unos meses ya no la veré más.
El fin de semana que pasó disfrutamos una linda celebración familiar en Puerto Montt, una linda pero triste celebración porque al despedirme entendí que ese probablemente fue el último abrazo que le daría.
A veces uno se cuestiona el porque Dios permite que cosas como estas ocurran, pero luego entiendo que son sólo pruebas que hay que saber superar.
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